... Y mientras espero hasta tener tiempo de documentar como Dios manda una entrada que relaciona Niebla con muchos otros, una reflexión corta sobre la nivola de Unamuno, que puede servirle a alguien como acompañamiento en un trabajo (particular Rincón del Vago): Y ESTO FUE UNA NOTA PREVIA SOBRE UNA NOTA PREVIA.
Una
nivola es una
folosofía. Si una novela es un nombre propio, la
nivola es un seudónimo. Una filosofía demasiado tímida para mostrar su estructura a desconocidos. O demasiado perezosa, como gota de leche que cae al vaso de agua y evoluciona sin saber si disolverse y, mientras, traza trazas blancas, hilos tenues de existencia. Una
nivola es una idea filosófica a la que crecieron cuentos como musgo y yedra, como hojas de hierba hijas del azar y la biología. Una idea sin historia a la que le nacieron metáforas como barbas, como pelo ralo, hirsuto, o lacio, leve pelusilla, pero en realidad es calva. Y una metáfora no es sino un hombre que sale corriendo de casa y, por no salir desnudo, se pone en ese último momento cualquier cosa, prendas desparejas o incompletas, ropa ajena, pretensión de vestimenta... ¡Lo mismo resulta que crea una moda!
Unamuno sabía que no iba a hacer una novela, pero sabía también que tenía que contarlo. Y Niebla es ella misma niebla, sueño que se recuerda recién despertado, en el límite de un absurdo lleno de significado. Pero el significado como la novela tiene que poder ser entregado en un cuerpo de palabras, o que lo parezca, y Unamuno hizo este
tupperware de niebla.
Lo dicho: que en algún momento escribiré otra entrada donde estará incluido este mini-chorizo y que dejo aquí para los que gustan del embutido literario para colgarlo en sus trabajos... En el fondo me ha gustado mi definición de metáfora, : ). Que quede como cita de
rafarrojas