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20 de marzo de 2015

Sobre Niebla de Unamuno

... Y mientras espero hasta tener tiempo de documentar como Dios manda una entrada que relaciona Niebla con muchos otros, una reflexión corta sobre la nivola de Unamuno, que puede servirle a alguien como acompañamiento en un trabajo (particular Rincón del Vago): Y ESTO FUE UNA NOTA PREVIA SOBRE UNA NOTA PREVIA.

Una nivola es una folosofía. Si una novela es un nombre propio, la nivola es un seudónimo. Una filosofía demasiado tímida para mostrar su estructura a desconocidos. O demasiado perezosa, como gota de leche que cae al vaso de agua y evoluciona sin saber si disolverse y, mientras, traza trazas blancas, hilos tenues de existencia. Una nivola es una idea filosófica a la que crecieron cuentos como musgo y yedra, como hojas de hierba hijas del azar y la biología. Una idea sin historia a la que le nacieron metáforas como barbas, como pelo ralo, hirsuto, o lacio, leve pelusilla, pero en realidad es calva. Y una metáfora no es sino un hombre que sale corriendo de casa y, por no salir desnudo, se pone en ese último momento cualquier cosa, prendas desparejas o incompletas, ropa ajena, pretensión de vestimenta... ¡Lo mismo resulta que crea una moda!
Unamuno sabía que no iba a hacer una novela, pero sabía también que tenía que contarlo. Y Niebla es ella misma niebla, sueño que se recuerda recién despertado, en el límite de un absurdo lleno de significado. Pero el significado como la novela tiene que poder ser entregado en un cuerpo de palabras, o que lo parezca, y Unamuno hizo este tupperware de niebla.

Lo dicho: que en algún momento escribiré otra entrada donde estará incluido este mini-chorizo y que dejo aquí para los que gustan del embutido literario para colgarlo en sus trabajos... En el fondo me ha gustado mi definición de metáfora, :   ). Que quede como cita de rafarrojas

18 de marzo de 2015

Un poema de rafarrojas, que se perdió y fue recuperado - El hijo pródigo

NOTA previa, sin nada que ver realmente con lo que va detrás:
Cuando volvió a casa el Hijo Pródigo, el padre no podía sentir más alegría. Todo era abrazar a su churumbel, fundiéndose en ese abrazo como mantequilla que diera al fin con añorado pan caliente.
Luego pasó el monzón de emociones, el chaparrón atropellado y denso del verano. Volvió el aire a ser seco. Siseó la tierra sacudiéndose las últimas gotas gordas como perro que se desprende de los restos del indeseado baño, de nuevo árida.

El hijo que volvió no era el que había estado recordando, tan alto, tan hermoso...
El recuerdo que volvió no era el hijo que tenía ante sí, sino el que estaba formado por las razones que le hicieron marcharse. Las razones que volvieron eran las que le hicieron marcharse.
El hijo que volvió no era tampoco el hijo que volvió sino una fuga o sumatorio de todos sus pasados, una sucesión tan rápida que resultaba difícil discernir su cronología. Se discutía allí sobre el orden y la preeminencia de tanto pasado y presente.

En un tiempo asombrosamente breve, volvió incluso a marcharse o a ser echado el Hijo Pródigo, en un ciclo de eterno retorno-marcha.

Y el padre, de nuevo, se quedó solo. Sin aire, boqueando dolores.


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¿Hace falta que lo diga de otro modo?

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NOTA segunda, donde se reconoce implícitamente que uno se deja llevar demasiado cuando cuenta:
Tres días, o dos, o una semana después de haber llegado (¿qué más dará exactamente cuándo? fue pronto...) el Hijo Pródigo volvió a discutir con su padre y se marchó.

Perdí un poema y lo eché terriblemente de menos, como si fuera el más auténtico que nunca había escrito, el más real, el más logrado.... Pensé "era lo suficientemente bueno para ganar un concurso". Así que no lo habría colgado en este blog, por reservarlo para ese momento en que tres hombres sabios decidieran que me pagarían por él tanto.
Ahora lo he recuperado y, como siempre, es un poema donde se van las palabras donde les da la gana, como en esa historia del hijo pródigo. Y es más media verdad que verdad completa.... Probablemente no sea un poema bueno, ni siquiera un poco.
¿Para qué guardarlo, entonces?
(Porque aun siendo mediocre, sigue siendo el hijo de mi pensamiento, que ha vuelto:)


Y AHORA SÍ...

(bajo el influjo de Niebla, de Unamuno):

Ese personaje de novela
sin novela,
que pasea ahora desolado,
desorientado,
como loco, como preso
fugado,
como enfermo terminal que espera
la muerte
en la estación blanca de unas sábanas
blancas,
como el desahuciado en el rellano
de una escalera,
sin saber aún ni luego, ni dónde
ni cuándo
llegará su regreso,
si volverá a llegar a alguna parte,
a su sitio o a otro,
nuevo.
No hay hogar
o refugio para sus pensamientos.
Queda como maleta abierta al viento,
bolsa rota, cartón mojado
que sólo espera desbaratarse,
como mano de viejo que no puede aferrarse,
como deseo sin hierro,
como fuerza sin dirección,
como explosión de... nada.
Soy yo.
 un poema de rafarrojas