5 de agosto de 2017

Filtro Vital Épico

Ésta es la escena:
Moonlight, serie de vampiros que murieron no por la luz de sol o por sobredosis de ajo sino por la crisis de los guionistas de Hollywood hacia el 2008. Por cierto, que de todas las series que salieron fruto de los amores de la pavisosa Stewart con el chico de los PorCullen en Crepus-Culo, la única que salvo -aunq no la que salvaron los productores- por eso de que tiene punto romántico con chica de las de mi tipo... y lo que se parece Sophia Myles a mi number-one Yvonne Strahovsky (Chuck, Dexter) es asombroso.


Capítulo final: Un grupo de vampiros planean el rescate de una chupasangres a la que llevan presa los humanos, ignorantes de sus gustos culinarios. Entre ese equipo, un vampiro nerd, ¡sí, nerd!, que éstos son vampiros del siglo XXI. Personaje obligado por el guión -o mil guiones iguales- a ser ligeramente gordito, de pelo rizado, algo blandito aun siendo vampiro, y en definitiva con cierto aspecto de pringao como corresponde a todo aficionado a World of Warcraft y pirata informático en sus ratos libres. El nerd interrumpe la revisión del plan para decir “¿Mi nombre en clave puede ser Laszlo Kalrisian?”, pregunta que no merece respuesta por parte de los otros conspiradores de agudos colmillos, que parecen tomarse el rescate con la seriedad debida...

Y entonces pensé: ¿y si los que se equivocan son ellos al tomarse todo tan en serio, empezando por ellos mismos? ¿y si la mejor forma de afrontar una aventura como el rescate, como una operación cuasimilitar en plan comando es buscar la inspiración y la motivación en la épica que es a partes iguales sub-real porque dicen que es todo inventado y super-real porque es mucho más guay, más divertida, más colorida, con más sentido que la monótona rutina de la realidad?

Llevémoslo más lejos. Ahora mismo estoy oyendo estoy oyendo a todo volumen el tema principal de la banda sonora de Los Vengadores, obra de Alan Silvestri (al que la mayoría conocen sin saberlo porque le puso la música a Regreso al Futuro)... Y lo que se parecen todas las bandas sonoras épicas-heróicas como esta y la de Guardianes de la Galaxia de Tyler Bates, y las dos son comic Marvel y el que copia en casa, pues, como que no copia, que todo queda en casa, supongo. Y sigo diciendo que alguien que sepa más de música que yo debería hacer un estudio sobre las frases (musicales) y los instrumentos utilizados para recrear ese subgénero de composición musical que es la fanfarria épica de supers y megahéroes...

(*NOTA: alucino leyendo las notas de info en este último video donde se dice Guardians of the Galaxy was Tyler Bates' most demanding score. Director James Gunn wanted something "dramatic and thematic". In addition to keeping up with the evolving vision of the film, Bates was asked to write huge chunks of the score so it could be played on set during the shoot."During action scenes and huge dramatic moments we blare the score on set so that the cast, crew, and camera can move in harmony with the music," said Gunn.The main theme is one of the many cues that have more than 500 tracks of audio. Bates claimed that many orchestral passages are doubled and tripled instrumentation. He calls his work on it a space rock opera.... el "autor", suena a coña!) 

Ahora mismo, decía, oigo eso en el cuarto q en mi casa llamamos el cubil, MI cubil, un minidespachillo atestado de comics, música, pelis, libros de ciencia ficción e informática diversa. Gordito ya soy, aunque no tengo el pelo rizado ni desayuno A +. Ahora mismo estoy sentado frente al ordenata, sí, gordito nerd, oyendo música marca ACME de fácil épica, y me proyecto sobre mi propia lamentable e incluso patética imagen de hombre sin camisa con complejo de Peter Pan dejándome llevar por la magia (prefabricada) de metales y cuerdas, sinfónica ensoñación de grandeza que se superpone a mi vida de friki enclaustrado y la eleva. Oh, sí, lo reconozco: en ese preciso momento en que me imbuyo mentalmente de la situación que pinta a trazos gordos y sonoros esa banda sonora se me eriza el pelo, se me pone la carne de gallina, porque durante cinco segundos yo soy ese héroe o héroes, y mi vida es épica. Épica secretamente claro está, jamás podrían imaginar que llevo un héroe dentro... o lo llevaría... y eso también es propio del género: identidad secreta del héroe que se revelará cuando sea necesario.
¿Cuándo? ¿Cuándo será necesario? Siempre. Siempre es necesario. Debemos ser Peter Parker, Clark Kent, Tintin (colegas periodistas y aventureros), siempre dispuestos. Dispuestos a reconocer el brillo que hay en la vida surreal y superreal de epicidad y poesía y belleza y grandeza... Tal vez el vampiro nerd tenía razón y los demás se equivocaban. La vida normal es como el agua, inodora, incolora, insípida (o como decíamos de niños: inolora, insabora) .... Y quién no prefiere Coca-Cola (y aquí podéis cambiar ésta por cualquier bebida con sabor de vuestra elección: refresco, té, café, zumo, batido.....)?

Y ya sabéis que mi última teoría es que no vivimos en la realidad, sino en una ficción verosímil que se acerca infinitamente a la realidad, no tanto como Matrix ni como Dark City o la historia reescrita eternamente de 1984, pero sí sin saber al final si el 11S fue o no un inside-job, por poner un ejemplo cualquiera, o, más general, si nos podemos fiar de lo que cuentan las versiones oficiales sobre cualquier cosa, que en realidad lo ignoramos todo (hasta a nosotros mismos) y no sabemos ni un poquito (lo justo para ir funcionando).

Así que, la próxima vez que vayáis a comprar el pan, a la oficina, a entrarle a una chica, a saludar a un amigo, ¿por qué no lo teñís con Filtro Épico, con banda sonora que dice que lo normal no lo es, sino mucho más grande y hermoso? Sed Laszlo Kalrisian o Steve Rogers a punto de entrar en la mayor aventura del mundo, vuestra propia vida.
Yo creo que lo voy a hacer un rato más.