En ocasiones pasa con las conversaciones lo mismo que con las borracheras. Te pasas la mitad del tiempo intentando conseguir una, meterte en ella... y la otra mitad, intentando salir. Y es entonces, al final, cuando te preguntas mirando a tu interlocutor con mirada turbia o apoyando la cabeza en la baldosa blanca del asqueroso urinario "¿cómo coño me he metido en esto?"
(como siempre, saludos del autor de esta reflexión q no va a ninguna parte, rafarrojas)
Brazos tatuados y magia
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No me suelen gustar los podcast de chicazos, ni los brazos tatuados, ni el
fútbol, así que esta vez me ha venido bien que el algoritmo de Youtube no...
Hace 1 día
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Sin embargo, qué gusto tener gente que acude a mi convocatoria (soy muy simple)