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2 de diciembre de 2016

Jodido joder: la nueva procacidad en las comedias románticas


Soy viejo... Ah, sí, sad but true. Soy lo suficientemente viejo como para haber conocido un tiempo donde no se concebía usar palabras como “follar”, “chúpamela”, “quiero darte por el culo” en una comedia romántica.(como en esta película con cuyo cartel decoro la entrada)
Intento explicarle a mi chica, vieja como yo, que eso no convierte una historia en porno. Ni siquiera en erótica. Que en el primer caso se verían penes, vaginas y mucosidades diversas; y en el segundo no habría seres humanos, ni desarrollo de personajes, ni -ya puestos- historia, sino modelos (aunque hay modelos realmente feos) haciendo lo imposible para provocar una única reacción, la misma que el porno, pero sin mostrar penes ni mucosidades, : )
Por cierto que los coreanos y los japones son tan raros (auténticos alienígenas entre nosotros) que pueden contar las historias más retorcidas y perversas (hentai, se dice en japonés) pero luego pixelan los penes, sólo los penes! Ahí trazan ellos la línea, jajaja (y dejo el dato para que lo explique alguien de antropología, porque yo alucino sin más).
Ahora, que no antes, al menos en la parte verbal ese aspecto tan importante de nuestras vidas, el sexo, flota hasta la superficie de los guiones. Y a ratos se asocia esta nueva falta de pudor con el embrutecimiento del personal, que cada vez dice más tacos y procacidades, con el supuesto de que les falta el refinamiento básico, la educación. Otros juzgan positivamente esa tendencia coprolálica, porque saca a la luz realidad y eso incluye revelar la torpeza entre bastidores, el espíritu primario que nos mueve a todos, y es bueno que haya menos reparos y secretos: lo de ahora es más sincero, más real, y al serlo tiene nueva gracia.
Pero me pregunto si esa naturalidad que se pretende es sólo una nueva forma de autoengaño, un secreto oculto a simple vista, como la carta robada de Poe. Relacionarse sigue siendo jodido, aunque se joda o se hable todo el rato de jodiendas. Sigue siendo igual de difícil, me pega, conciliar amor y sexo, ser sano siendo morboso. Sumar penes y corazones sigue la misma dificultad matemática (a ratos parece que imposibilidad) que tenía sumar manzanas y naranjas, como nos decían en el cole. Seguimos fundamentalmente queriendo querer y ser queridos, a la vez que seguimos sintiendo nuestras limitaciones en la expresión sexual, la misma básica torpeza mecánica, la misma desconfianza hacia nuestra habilidad física, la misma dificultad para salvar el abismo de soledad en el que nacimos, un hueco que siempre amenaza como una sima abierta aunque se llenen todos los demás orificios. Creo.
La gente no es más feliz porque folle más. Ni siquiera se entienden mejor las parejas. No nace más amor que antes, a pesar de abonar ahora el terreno tan pródigamente con nuestro estiércol de vulgaridad.
Los seres humanos siguen con el mismo problema eterno de superar su condición de individuos aislados...
(...aunque sí, ahora ya puedo decir follar, y coño, y chúpamela, incluso en un guión de comedia romántica)

9 de enero de 2015

Amor versus sexo: dos símiles que se convierten en metáforas, by rafarrojas

El pensamiento del amor es como un castillo de naipes de dos cartas que uno ve tan firme que podría ser de cientos y elevarse hasta el infinito. Uno apoyado sobre otro que se apoya sobre uno y juntos forman techo y refugio, edificación.
La fantasía del sexo, por el contrario, es como ese plato que gira sobre un palillo: vertiginoso vértigo, precario equilibrio de la aceleración, juego alucinante. Pero luego llega la gravedad, la insoportable del ser (o no ser), y el plato se hace añicos contra el suelo y muere con "la petite mort", o peor, por la inevitable falta de agilidad de la realidad.
(...vale esto como cita, by rafarrojas?)

1 de octubre de 2014

Musicales 4 - La falta de equilibrio en el baile y por qué no existe el porno perfecto (one track mind)




¿Es un tío listo o no, el señor Miyagi?
Equilibrio.
Y en los musicales no lo suele haber.
Es lo que explica la mezcla de incredulidad y horror de ese amigo mío que viendo una película de Howard Keel (por ejemplo) exclama: “¡Oh, Dios mío! Va a cantar otra vez!”
Y efectivamente lo hace.
Tal vez en la situación en apariencia de lo más inofensiva: ¿una cena...?
Levantará la vista del menú y sin ninguna excusa ni razón entonará: “me va a traeeeeer un fileeeete con patatas!”. (¿Es esa forma de hacer un pedido??)
...Y no te quejes demasiado si canta, porque lo mismo lo remata poniéndose de pronto de pie y bailando encima de las mesas (como en “Fama” o “High School Musical”) y/o se sumarán los de las mesas de al lado (“La Boda de mi mejor amigo”, “I say a little prayer for you”).
O, ya en el extremo del despropósito, la clientela de un MacDonalds al completo, como en ese Mega-Truño de product placement (vendiendo marcas en mitad de una peli):


"Pero qué cohone hase er nota?!"
pregunta el prota (en traducción libre andaluza).
(¡Y no os perdáis a los tiernos infantes que viendo bailar a sus mayores se suman en un pis-pas y se aprenden del tirón los pasos y ya tienes flash-mob montada!)

Pero volviendo a las películas respetables...,
Incluso las mejores tienen una cierta característica monolítica, limitada, unívoca, que va más allá de la especialización del género.
Te tiene que ir mucho el tema, para ver una película sin acabar suplicando "Kirk to Enterprise: beam me up, quickly!"
Los argumentos (¿realmente los hay?) suelen ser pamplinas muy gordas o excusas para que la chica, el chico, el grupo bailen o canten. Como si se hubieran gastado todo el dinero en coreógrafos y no les hubiera quedado un duro para guionistas. O como si estuvieran tan concentrados en encontrar bailarines maravillosos que no tienen dinero para buenos actores...

O sea, como el porno.

El porno, que es repetitivo, monótono, previsible, intelectualmente idiota, estéticamente hortera, literariamente bazofia.
Los argumentos son lastimosos e inverosímiles (“¿han pedido una pizza?”), los diálogos propios de subnormales, los actores carentes de cualquier talento interpretativo y el rango de sus emociones y de las que pueden despertar en su trabajo sólo es comparable en su escasez a su indumentaria habitual.
No hay historia, sólo gimnasia. No hay trama, sólo “efectos especiales”, despliegue de atributos apabullantes y siliconizados.

No sé cuántos de los que leerán esto, han visto porno. Ni cuánto, esos cuántos.
Yo sí. Y mucho.
En muchas ocasiones, repartidas (lógicamente) en cinco o diez minutos cada vez, : )
No es algo de lo que esté orgulloso, pero estoy dispuesto a asumirlo como algo que me ha definido toda la vida: siempre he sido, y lo reconozco, un tío de mente sucia y calenturienta... Un salido. (Ah, y un romántico también, para mi desgracia).

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APARTE:
Hay al menos CUATRO MOTIVOS POR LOS QUE ME HE TRAGADO TANTO PORNO.
1. La pereza: uuuh, salir de caza y pesca, con el esfuerzo que supone de preparación y disposición, disparando tus chistes malos, con el cebo de tu curriculum (ese churriculum vitae que pareces tener que hacerle a toda mujer que conoces para que vea que vale la pena meterse en tu cubo, tus mil experiencias y éxitos - lo dejamos en una docena y porque estamos generosos) y todo pá qué! si lo mismo al cabo de las horas tienes ya dolores musculares varios y ninguno en el sitio correcto, y no tienes ni conejo que llevarte a la boca ni perdiz que sobrevuele tu puesto.
2. La cobardía que, a veces, por miedo (lo cogéis?), se disfraza de pereza, pero que es distinta porque las mujeres pueden ser muy crueles y uno es un pito pero también un corazoncito, y es cutre tal vez pero también humano, y es como si fueras un terrorista con el que no se negocia ni la hora y "en realidad yo no venía a eso sino a relacionarme con personas", pero no te deben reconocer el estatus de tal, y sales dolorido de tanto desdén, desprecio, falta de aprecio, como se gastan algunas por un quítame allá esas pajas de saludar sin ser debidamente introducidos (y aquí imaginaos un par de juegos de palabras con “pajas” y “debidamente introducidos”). Al final de la noche, de muchas noches, de mil y una, justo antes de irte derrota’o a lamerte las heridas al cubil sólo deseas que no te sigan pegando en la autoestima.
3. Mi falta aparente de atractivo. Ah, sí. Porque aunque desearía parecerme a Hugh Jackman, según la temporada me parezco más a Fernando Esteso o a Woody Allen (éste último al que me encantaría parecerme en el cerebro). Y aunque las mujeres juran y perjuran que lo importante es lo de dentro, lo de fuera es lo que las hace permitirte decir el primer hola (“te veo” decía en Avatar, Cameron; y Berkeley, que sólo existe lo que es percibido; y muchas mujeres a un gordo ni lo miran ni le conceden existencia). Pero no estoy carente de atractivo, pero es de la peor clase: del que se descubre (como me han dicho todas mis novias) sólo cuando te has tomado la molestia de conocerme. O sea, como los bancos que prestan dinero al que ya lo tiene. Pues sí qué...!
4. La monogamia. Es lo que hay, que tengo ya chica y si no la mejor del mundo mundial, de lo mejor que hay al oeste del Pecos. Y yo deseo a mansalva y me liaría con todas (bueno, con unas cuantas... cada una por una razón -o varias- diferentes) y me encantaría ir cual mariposa de flor en flor... peeeero: a mi chica no le gustaría. No le gustaría nada. Así que si todas las anteriores razones no fueran suficientes, ésta última acaba de condenar definitivamente y sin apelación al recurso a la fantasía enlatada en sustitución de la interacción real con carnes ajenas (la de mi chica es casi como la propia).
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Así que sé lo que me digo cuando afirmo que “la mayoría del porno sólo vale para lo que vale” (y la mayoría del tiempo no vale ni un duro). Podéis decir ahora que no necesitaba acudir al criterio de autoridad para decir eso, jajaja.
No, debería mejor decir que el porno sólo puede tener público cautivo o no tendría público en absoluto.

Igualito que con los musicales:
solo la gente que necesita poner la música en sus vidas, sólo la gente trempada de ganas de ver pasos y movimientos, sólo los que se corren de gusto con una buena coreografía pueden aguantar las simplezas que nos ofrecen como tramas y la repetición ad infinitum de argumentos:
- grupo de chicos Con Un Sueño Que Es Bailar que se presentan a un concurso ("You've got served", Dirty Dancing 2, todas las de Step Up...),
- chicos y chicas ConUnSueñoQueEsGanarseLaVidaConElSudorDeSusMallas ("Billy Elliot", la soldadora de Flashdance, la hija del que cobra el peaje en el puente en esa peli tan pro-género políticamente correcta "Bar Coyote", la luchadora "Honey"..... hasta los parados de "Full Monty").

Los musicales de baile se miran mucho/demasiado el ombligo y por eso, junto a los chicos ConElSueño pintan los lugares donde se echan las MejoresSueñosSiestas: Cotton Club, Burlesque, Cabaret, Chicago, Showgirls.... y las academias: Fama, Save The Last Dance, ¿Bailamos?, Baila Conmigo... y las discos ("academias del baile de la vida" diría un profe que tuve muy redicho): Saturday Night Fever, Gracias a Dios que es Viernes, Staying Alive, (¿Studio 54?), etc...

Y aquí os habría puesto un video de Gene Kelly explicándole a Yves Montand cómo expresar bailando (sacado y cortado de "Let's Make Love" de 1960, mi peli favorita de Marilyn Monroe), y las semejanzas entre el bailarín y el actor que es lo mismo que decir sus diferencias, que el bailarín sólo tiene movimientos y esa forma fluida de mímica para expresar sentimientos y a mucha gente no le gusta ver mimos, salvo a los mimos, ni bailes, salvo a los que les gustan.
Pero la FOX me lo ha prohibido, porque dice que la peli que pusieron en la tele es suya y que el que quiera ver dos minutos de ella que le pague (la Fox, por cierto y sin venir a cuento, famosa por su inclinación política militarista y tan de derechas que es casi quasifascista, donde está de Consejero Delegado nuestro ex-presi, el que me cayó tan bien y luego tan mal).

Y, como el porno, los musicales venden sexo, cuerpos, carne.
[Lo hacía Beyonce a lo bestia, recién separada de las Destiny Child, bailando Crazy in Love con imágenes que hasta me suenan a videos de Penthouse por el look hortera y los planos. Pero quitando ese punto de zafiedad de Beyonce (que era mucho más atractiva en The Fighting Temptations y más normal).]
que conste que no lo veo mal (pero es porque me gustan los musicales). Lo dice Eros-Michael Crawford en esa absoluta joya "Golfus de Roma"-Richard Lester, 1966).



Y con esto vuelvo a Miyagi y a la idea que quería transmitir del equilibrio: todavía espero encontrar el porno perfecto, el que también se ocupe de mi otro cerebro y de mi corazoncito ya puestos, y que en los musicales también es difícil que dejen de ser musicales para ser historias totales (y lo han logrado, para mi gusto, algunas pelis como El Violinista en el Tejado, Camelot o Golfus de Roma, pero no desde luego el resto).

Y ahora sí que sí, no volveré a hablar por un tiempo de ese vicio que tengo (los musicales, no el porno, aunque también). Gracias por permanecer a la escucha, :   )

16 de octubre de 2011

SEXO!!!

El sexo es ese país que todos hemos visitado alguna vez, la gran metrópoli a la que se vuelven siempre las miradas de todos los habitantes del imperio. Nos criamos oyendo hablar de ella, y la conocemos íntimamente pero por referencias: en los libros, en las películas... Son legendarias sus luces y colores, la maravilla de sus ciudades, el esplendor de sus paisajes...
Pero hace tanto que no voy por allí, que se me ha olvidado ya su lengua, esa entonación encantadora de sus palabras, la musiquilla y el acento.
Sólo en sueños soy capaz ahora de hablar el idioma. Y digo hablarlo, no soltar las tres frases de presentación macarrónica q todos sabemos, sino hablarlo como lo hiciera cuando viví allí por un tiempo, de estudiante, de turista. Y sí, en los sueños puedo de nuevo hilvanar el más grande discurso (o me lo parece mientras me agito en la cama).
Pero luego al despertar estoy de nuevo aquí, en la remota región desolada, en la aspera tundra del exilio.
Provinciano, y encima viejo.