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17 de mayo de 2017

PREPOTENCIA (potencia, postpotencia... e impotencia)

Alguna vez he mencionado a mi hijo, un tipo estupendo donde los haya. Es listo (pero listo!), es guapo (pero guapo!), es creativo, tiene talento como para poder llegar algún día lejos, tiene sentido del humor...

Desgraciadamente, por eso de la Ley de Compensación Universal (Ley Mierda o Life-is-a-bitch Act – ....no la busquéis por ahí, porque es designación propia para ese tipo de situaciones de “si quieres ser Superman e invulnerable y no sentir una bala disparada contra tí tampoco podrás notar los labios de una mujer que te besa”) no ha tenido una vida fácil: paso su infancia como diana de todo abusón y tonto-baba que por envidia, aburrimiento o mezquindad general de carácter siempre tiene que estar jodiéndole la vida a alguno.

Y es asombroso que haya sobrevivido a eso tan bien, que, salvo pequeños momentos de falta de seguridad en sí mismo y de injustificado acomplejamiento, es como decía Robin Williams de su hijo en Más Allá de Los Sueños, “el hombre que todos querrían como amigo, como hermano, como novio, como hijo, como padre...”.

Y tiene también otros rasgos que, aunque queden muy bien en teoría, no hacen fácil la vida de un chaval de 18: cree en el Amor Verdadero y se quiere reservar hasta encontrarlo. Desoyendo mis consejos posibilistas y cínicos de oportunista sexual (“líate con la que puedas, aunque no te convenza del todo, y así practicas”), rechaza a las que le salen al encuentro hasta dar con la que sí, con la de "esta es para toda la vida". Y cree en la monogamia, y no añadiré “tócate los cojones!” porque es algo que yo he aceptado como pago por estar con mi chica (aunque sueñe con nostalgia en un mundo donde dar rienda suelta a mi lujuria eterna y a tanto deseo insatisfecho, jajaja).

Todo este rollo-prolegómeno era para establecer el personaje.
Ahora, la trama.

Resulta que está estudiando aquello que siempre quiso hacer. ¡Sí, es de esos que tienen una vocación clara desde niño! (bueno, a los 5 años quería ser guardia forestal y a los 3 ser un ciervo). Animación (dibujar).
Todo lo que no ha querido (no ha necesitado tampoco) currar en su trayectoria escolar lo ha puesto al servicio de sus estudios actuales. ¡Va a por todas, el hijoputa! Si no puede salir porque tiene que dibujar para un trabajo de su uni, pues no sale.
Eso tampoco es lo normal. Lo normal es ser bastante más vago y darse gustos que a lo mejor no convienen o no sirven para nada (salvo para hacer la vida más entretenida, complicada y, a ratos, un poco idiota).

El caso es que le toca, como nos toca a todos los que estudiamos ahora, someterse a ese horror-tortura made in Bolonia llamado “trabajo en grupo”, donde gente muy distinta en capacidades y aspiraciones se supone que tienen que producir algo juntos. ¡Vaya mierda más gorda! Y se supone que es una “adecuada” preparación para un futuro donde uno trabajará en organizaciones y equipos... Y sólo es cierto hasta cierta medida, porque no negaré que incluso en un trabajo remunerado de adultos ¡te encuentras con cada unooo que....! Siempre hay ineptos, y escaqueadores profesionales, y de los que se apuntan medallas por lo que no hacen, etc.

Revisando ahora en mi asignatura de Filosofía del Lenguaje esa “teoría francesa” en la que se mete a bulto por igual a Ricoeur, Bourdieu y Foucault y a otros diversos en los que se incluyen muchos estructuralistas de los años 60-70, me he enterado que “El Autor ha muerto” y que es propio de románticos trasnochados creer en el genio individual creador, sujeto y dador de sentido. Pues yo soy romántico y, mal que me pese, individualista (que a estas alturas creo que es en la práctica una maldición en muchas ocasiones) . Traduzco: en cuestiones creativas no acabo de creer en la creación en grupo. No la niego absolutamente. Pero la chispa, el primer momento de una idea, siempre es, en mi opinión, cosa de uno, con nombre propio. E incluso su ejecución, donde cabe más la mano múltiple, suele acabar siendo también cosa de uno, uno sólo, y no de “un grupo”.

Ahora mi pobre churumbel que quiere romperse los cuernos por su sueño, tiene que rompérselos dos veces en trabajos donde querer hacer lo mejor posible y tener las ideas más o menos claras sobre cómo conseguirlo supone ir tirando, arrastrando como alma en pena, de esa cadena de gente que no sabe o no quiere o cree-que-sabe-pero,- al- final... -. Puta humanidad, que cuando vaguea odia al que la persigue para que no lo haga y quizá hasta le acuse de perfeccionista idiota o de tiranía (“¿y a tí quién te ha elegido como jefe?”, dice), y cuando no es realmente competente odia al que le recuerda que las cosas no se hacen así sino de esta otra forma (“bueno, esa es tu opinión, pero yo tengo la mía”... sí, porque todo el mundo cree tener gusto y criterio e imaginación, incluso los que no los tienen).

Casi prefiero al escaqueador profesional que sale con una excusa peregrina para saltarse las reuniones inevitables que a ese otro que está muy satisfecho consigo mismo cuando todo lo que produce no supera el aprobadillo (y eso, si llega). Ah, sí!, el gran pedazo de hijo de su p... que inventó los trabajos en grupo puso en marcha una maquinaria en cuyos engranajes quedan trituradas relaciones que, de otra forma, serían perfectamente cordiales.

Todos nos soportamos... hasta que nos toca soportarnos de verdad.

Así que ahí tenemos a mi hijo (justo donde he estado yo mismo en alguna ocasión no lejana) sufriendo porque quiere cumplir hasta la extenuación y ve que otros de su grupo o no quieren o no saben... y se resienten de su intención. Lo dicho: desde soberbio a tirano a “¿quién coño se cree que es?”, etc.

Hasta tal punto que le comentaron al profe de turno que daba problemas, manda huevos!, retratando a la víctima como verdugo y malvado. Y el profe quiso dar lección ejemplar y en público y de la forma más cruda posible le dijo, con todo el peso de su autoridad, que quién coño se creía que era y que era una piltrafilla y que a alguien como él no lo cogería él para ningún trabajo. Así que cornudo y apaleado. El profe se despachó sin saber realmente una mierda, como es propio de gente que llega tarde a una película y ya cree poder entenderla por lo que le cuentan otros.

Prepotente, le llamo, que es otra forma de afear la soberbia, el hubris (hibris), la vanidad, tan repulsiva en el otro como aceptable y justificada cuando es propia. Y en ese momento me entraron ganas de ir a visitarle y, siendo quien no soy, moler a palos a ese “educador” de tres al cuarto. Porque es mi hijo, sí, y le había hecho daño, pero sobre todo porque es absoluta y totalmente injusto. Y si mi hijo me hubiera dejado, le habría soltado al menos uno de esos juegos de palabras a los que soy tan asiduo. “Prepotente no: prepotente, potente y pospotente!”, parafraseando a aquel chiste del hombre que decía que tenía la polla tan larga que tenía prepucio, pucio y pospucio.

Mire Usted! Que no todos somos iguales, y algunos son mejores en una determinada cosa, y en determinados contextos o compañías muuucho mejores. Que lo acepten. Sí, no soy Shakespeare, pero sé escribir mejor que unos cuantos con los que me he topado en esos trabajos en grupo. Sí, no soy la releche que mi vanidad me lleva a creer que soy en ocasiones, pero sigo siendo producto lácteo entero comparado con otros que no llegan a agüilla coloreada de blanco que dicen que es desnatada. Un ejemplo: hay que hacer una unidad didáctica y yo digo “se usan infinitivos en la redacción de Objetivos... y no cualquiera, ya puestos en plan purista, sino los de una lista dada”. A lo que alguien contesta con esa frase genial para hacer guerra de trincheras “bueno, esa es TÚ opinión... pero yo creo que...”. Y a ver quién le convence de que no, que no es MI opinión, como tampoco lo es que dos y dos son cuatro y no dieciséis por más que se empeñe en expresar su opinión el otro.

Y sí, mea culpa, soy como todos los que se sienten en posesión de la verdad o en la persecución empecinada de una meta, un soberbio, un capullo, un dictador, un... Whatever. Reconozco mi deficiencia, mi falta, mi pecado. Pero.

¡Pobrecito, mi hijo! ¡Y pobrecito yo, que para ciertas cosas creo estar más dotado que otros (tal vez equivocadamente) y que me falla totalmente la inteligencia emocional y la habilidad de fingir esa creencia de “todos somos iguales en inteligencia, talento, capacidad” y “lo tuyo es tan bueno como lo mío”!

Mi hijo, que como digo es listo, más listo de lo que soy yo, ha sabido ver en esto una punta que a mí se me escapaba: que el profe la cagó y ahora está en deuda, que sus compis de trabajo (compis de mierda) la cagaron y ahora se sienten culpables de haberle llevado al paredón inmerecidamente. Cree que ahora podrá hacer trabajar algo más al vago y ser más abierto al que dinamita la imposición de lo que es mejor para todos. ¡Qué tío! Cuando sea mayor quiero ser como él. Y ya de paso, ser más humilde y saber tratar mejor (“a los que no llegan a mi altura”, dijo el soberbio de los cohone’, jajajajaj) a mis semejantes (iguales no: superiores en unas cosas, inferiores en otras... hasta ahí estoy dispuesto a aceptar como cierto)

13 de febrero de 2015

Bolonia y los trabajos en grupo - El mejor de esos casos - Uno para filofilólogos (y su propio rincón del vago): "Tras La Celestina - de cómo un solo personaje (Sempronio) nos sirve para hacer mil y una reflexiones"

DEDICATORIA Y NOTA PREVIA: Esta entrada está dedicada a Alberto Sin Apellidos. Un tío listo, con aspiraciones y cabeza para realizarlas. Conocerle ha sido una de esas cosas buenas que tiene la carrera (algunas tiene) y espero que se cumpla lo que le decía Humprey-Rick a Claude Rains.

Universidad... En el prospecto de Bolonia debían avisar de sus efectos secundarios: "Cuando interactúa con otros elementos como la perezina y escaqueotropina (ver trabajos en grupo), Bolonia puede resultar sumamente injusto y perjudicial para su nota".
Lo que ocurre habitualmente en esos trabajos en grupo made in Bolonia es que uno curra, dos lo intentan, varios hacen como si trabajaran, todos firman como si el resultado les perteneciera.
En el mejor de los casos (el que nos ocupa: un trabajo sobre La Celestina, más concretamente sobre el personaje de Sempronio, con otras dos personas), donde el número es lo suficientemente reducido, por un lado, y, por el otro, todos los integrantes desean lo mismo, tienen cerebro suficiente y están dispuestos a hacer esfuerzos parejos, un trabajo en grupo presupone opiniones y estilos coincidentes... cuando eso rara vez ocurre. Hay casos, sí: Erckmann-Chatrian, Lapierre-Collins, Larry Niven-Jerry Pournelle... Pero no es en absoluto común y supongo que lleva su tiempo.
Por ejemplo, la chica del grupo quería hacer un trabajo correcto y académico, y escribíó lo siguiente:

"La Celestina es una obra dialogada, escrita en prosa, considerada la obra capital del siglo XV y una de las más importantes de nuestra literatura. Nos ha llegado a través de dos vertientes:
- Tres ediciones de hacia 1500, y un manuscrito fragmentario (de fechas cercanas) de las que nos ha llegado una versión en 16 actos, “Comedia de Calisto y Melibea”.
- En 1502, hubo una refundición de la obra, en 21 actos “Tragicomedia de Calisto y Melibea”.
La diferencia entre estas dos versiones está, principalmente, en el desarrollo de la trama de la obra.
En el siglo XVI, se hacen en España, más de 60 ediciones de la obra, y algunas en el extranjero. La Celestina fue la obra, de autor contemporáneo, más divulgada. La importancia de esta obra es a causa de su gran realismo. Los personajes tienen una cruda veracidad y una caracterización a través del lenguaje que emplean: los personajes nobles (Calisto, Melibea, Pleberio, etc.), se expresan con delicadeza y elocuencia, mientras que los personajes populares (Celestina, los criados, etc.), emplean un lenguaje más espontáneo y popular, lleno de refranes y frases hechas.
Atribuida, en su mayoría, al bachiller Fernando de Rojas, en la carta del autor a un “su amigo”, se plantea el problema de la autoría, la justificación de no firmar su obra. Alonso de Proaza remite al lector, en los versos finales (“ni quiere mi pluma ni manda razón […] su nombre, su tierra, su clara nación” [Fernando de Rojas, La Celestina, 346]), al hallazgo en los versos acrósticos: el Bachiller Fernando de Rojas, nascido en la Puebla de Montalbán, acabó la Comedia de Calisto y Melibea.
La Celestina narra el trágico amor de Calisto y Melibea. Calisto, mozo de clase alta, inteligente, se enamora de la bellísima Melibea, y esta lo rechaza. Calisto vuelve a su casa y le pide consejo a su criado, Sempronio, el cual le aconseja que vaya a ver a la vieja alcahueta y astuta, Celestina, para que le ayude a enamorar a Melibea. Sempronio se alía con Celestina para aprovecharse de Calisto. El único personaje que le es leal a Calisto es Pármeno, que le aconseja con lógica y le previene de Celestina, pero Calisto, ciego de amor por Melibea, ignora los consejos de Pármeno, ya que ve en Celestina una esperanza de conseguirla. Ante el constante maltrato de Calisto, Pármeno decide unirse a Celestina y Sempronio. Celestina habla con Melibea e intercede a favor de Calisto, consiguiendo que Melibea le corresponda. El protagonista, al saber esta buena dicha, le da como recompensa una cadena de oro. Los criados reclaman su parte a la vieja alcahueta, que se niega, y ello da lugar a su muerte a mano de ambos. Los criados, en la huida de la justicia, caen muertos. Calisto en una de sus visitas a Melibea, cae de su escalera al escuchar los gritos de sus criados, Tristán y Sosia, que parecen estar en un altercado con Traso y su pandilla, al otro lado de la tapia, y muere. Melibea, al saberlo, sube a una torre y se arroja desde lo alto. La obra termina con el cuerpo de Melibea en manos de Pleberio, su padre, y el llanto de este."

Y me parece muy bien.... pero yo no me identifico con ese tipo de texto.

Escribió más Ana Raquel C., recogió citas, como nuestro otro compañero, el citado Alberto. Y pusimos en común lo que habíamos deducido en una agradable tarde de charla y cotilleo.... Pero...
(de nuevo:) no soy yo, no es mío, yo no escribo así.

Yo escribo y pienso como lo que viene a continuación, que igualmente dejo por si fuera de utilidad a alguien, a modo de rincón del vago ("Filofilólogos" es como quiero llamar a ese grupo futuro de donación comunitaria del que hablaré en algún momento futuro indeterminado).

Hacer un comentario, una crítica, una glosa tiene un poco de talentofagia.  Como aquellos indios que se comían el corazón de lo que cazaban para hacerse con su poder y su fuerza....
E incluso en un banquete de boda, donde todos los invitados comen lo mismo, cada uno excreta luego su propia caquita, jajaja.
Así que este es mi propio muñequito, el pino que planté, y aquí lo dejo para quien quiera admirar su textura y consistencia, sabiendo que es la propia de rafarrojas:
FIN DE LA (LARGUÍSIMA) NOTA PREVIA:



EL QUID DE LA CUESTIÓN: sobre la moral en La Celestina. 

La Celestina es una obra moral. O tal vez deberíamos decir que es una obra sobre la falta de moral y el triunfo de los siete pecados capitales.
No le falta uno y tenemos ejemplos sobrados de ellos. Vemos
-Soberbia y vanagloria en la propia Celestina que se ve ama de demonios (“Y así confiando en mi mucho poder”, acto 4); la del amo Calisto, señor de la honra (ajena); la de Pármeno, el virtuoso incomprendido.
- Avaricia, de nuevo (“vicio de codicia Ahora que lo ve crecido, no quiere dar nada” SEMPRONIO acto 12).
- Lujuria, de Calisto y de Melibea, que lo llaman amor cuando quieren decir sexo, locura según lo llaman todos, de los criados con sus mancebas, de las putas y de las aparentemente honradas pero igualmente putas.
- Ira, y si no bastara la que se gastan los amos con los criados por un quítame allá esas pajas (“Nunca oyen su nombre propio de la boca de ellas (las señoras); sino puta acá, puta acullá. tiñosa bellaca puerca mil chapinazos y pellizcos, palos y azotes” AREÚSA, acto 9)
, la que descarga sobre la vieja puta el extremado Sempronio.
- Gula, presentada entre los siervos como virtud: signo de éxito (“poco que bebo: una sola docena de veces”, CELESTINA acto 9)
- Envidia, la de Areúsa hacia Melibea: “Las riquezas las hacen a estas hermosas [...] unas tetas como si tres veces hubiese parido” acto 9)
- Pereza (“si yo supiese aquella tierra donde se gana el sueldo durmiendo mucho haría por ir allá”, SEMPRONIO acto 8)
Dicen que siendo ésta, última obra del Medievo, tiene como las de aquel tiempo un afán moralizador (Concluye el autor: “No dudes ni hayas vergüenza, lector, narrar lo lascivo que aquí se te muestra: que siendo discreto verás que es la muestra por donde se vende la honesta labor”).
No lo acabo de creer. Me resulta más bien semejante a un número de “El Caso”, aquel “diario de porteras” especializado en crónica de sucesos. Esto es, La Celestina como un ejercicio para atraer a los morbosos (que en todo tiempo ha habido) con un relato de sexo y violencia, y le supondré la inteligencia comercial que demuestra, que le aseguró tan buenas ventas que lo que empezó como anónimo terminó siendo de paternidad reconocida en epigramas.
De lo que no hay duda es que es una narración que habla de una progresiva y acelerada descomposición moral, de corrupción y falsedad y apariencias, de crisis de valores, donde a nuestro juicio sólo dos personajes se destacan en un fondo de inmoralidad-amoralidad-moralidad de conveniencias:
- el PADRE, Pleberio, arquetípico padre-noble-anciano venerable, que despide el cuento con sermón ciceroniano “o tempora, o mores” en plan catilinaria: “Cébasnos, mundo falso, con el manjar de tus deleites; al mejor sabor nos descubres el anzuelo, [...] me dejaste triste y solo in hac lachrymarum vae” auto 21 y lo dice en latín y citando a los clásicos y a muchos personajes renombrados de la Antigüedad que así sabemos dos veces que es noble.
- y asombrosamente, la propia CELESTINA, que siendo como es puta vieja, vieja puta, tiene su propia forma de ética del trabajo, prurito profesional. (“jamás al esfuerzo desayudó la fortuna”, Celestina, acto 4).

Y se distingue así de los amateurs del mal, los siervos que son simplemente malos malvados, cuando ella es la mejor mala posible: “Esto tengo yo por oficio y trabajo; vosotros por recreación y deleite”, les echa en cara a Sempronio y Pármeno, y en el auto 15 así lo reconoce Elicia a la ya difunta en un curioso panegírico del oficio “Tú trabajabas, yo holgaba; tú salías fuera, yo estaba encerrada; tú rota, yo vestida; tú entrabas continuo como abeja por casa, yo destruía, que otra cosa no sabía hacer”.
Celestina aspira a sobrevivir, sí, pero también a medrar con su esfuerzo y su talento (“Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del suyo”, acto 12), y asume su papel con todas las consecuencias, como diciendo que puestos a ser malos se tiene que ser el mejor malo, el más diabólico y astuto. Esta vieja, más que vieja, envejecida, una momia (sesenta años dice tener el acto 12, y en aquella época y con esas condiciones de salubridad e higiene era lo mismo que decir mil de ahora), que nadie podría adivinar que en otro tiempo fue tan hermosa como ahora horrible (“eras hermosa”, le reconoce con asombro en el acto 4, Melibea a Celestina), y puta fue de éxito, esta trotaconventos barroca en plena E.M., es como los futbolistas que cuando se les acaba la vida útil dando patadas al balón acaban colocándose como entrenadores de otros futbolistas, y así ella es maestra de putas y semiputas (las presuntas honradas que la hacen a escondidas), híbrido de comercial, vende-motos, vendedor de coches-sexos usados (pero que aparecen como nuevos con unos arreglitos que les hace), camello (de esa droga prohibida que era el amor carnal). Una vieja que engaña, pero al menos en parte vive engañada. Charlatana, sí, y embaucadora, pero también superticiosa y crédula.
Junto a esa particular “ética del trabajo” le salva a Celestina ese recordatorio de la que fue su amiga con lo que parece afecto y respeto profesional, la roba-cadáveres que fue la madre de Pármeno (“la primera de nuestro oficio”, acto 7), ese corazoncito que demuestra (a su manera) con sus protegidos Areúsa y Pármeno (su ahijado, el hijo de su estimada comadre-colega).
Y qué se puede decir del resto de los personajes? Esos, que aparecen en pares de dos, en combinaciones de cuatro, todos girando como en aquellas Danzas de la Muerte de la mismísima Edad Media.
Nada bueno.
La Celestina es una novela que nos habla en un tono fatalista, casi de inevitabilidad. (“Por ser leal padezco mal. Otros se ganan por malos; yo me pierdo por bueno. El mundo es tal”. - PÁRMENO acto 2 y CALISTO acto 12 “¿En quién hallaré yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién carece de engaño? ¿Adónde no moran falsarios? ¿Quién es claro enemigo? ¿Quién es verdadero amigo? ¿Dónde no se fabrican traiciones?”) de la falta de control del deseo que lleva a la debacle, de cómo los buenos se malogran o asisten impotentes a la ruina y a la corrupción de todo lo bueno y lo sagrado. (“¡Ya, ya, perdida es mi ama! ¿Secretamente quiere que venga Celestina? ¡Fraude hay!”, LUCRECIA acto 4). Historia de pórtico gótico, con amantes concupiscentes -y cobardes asesinos- que arden en el infierno.
Pero no siempre se presenta así, sino que se va desenvolviendo el dramón a la par que la caída de los personajes.

En cierta forma, esa misma evolución negativa de los personajes se puede resumir en una progresiva “CELESTINIZACIÓN”, su acomodo a esa laxa-inexistente moral de la alcahueta, a la perdición asumida, la conversión a su visión del mundo, hasta que se da por bueno lo que es malo y torcido. Y eso se ve en la forma en que se dirigen a ella, pasando del rechazo en los términos más contundentes (“vieja puta” es un apelativo constante) hasta tratarla con el extremo respeto y consideración hacia una maestra (“madre”). A este respecto hay un trabajo que nos ha gustado, realizado por la profesora Pilar García Mouton, del Instituto de la Lengua Española del CSIC, intitulado “El lenguaje femenino en La Celestina” en el que se menciona este detalle (si bien para mencionar los distintos registros que adoptan los personajes).
De hecho, se celestinizan tanto los personajes que los dispares acaban acordándose, como en un curioso y triste hermanamiento en el mal (Calisto y Melibea, Calisto y sus criados, Melibea y Celestina, Sempronio y Pármeno, Pármeno y Celestina, Areúsa y Pármeno...). CELESTINA, acto 7: “Vosotros sois iguales. La paridad de las costumbres y la semejanza de los corazones “
Calisto, chaval de buena familia y buena facha (23 añitos), tira por la borda su nombre y su honor por un enchochamiento (y luego, en el acto 14, bien habla CALISTO de “el dolor de mi deshonra”, “corrompiendo la buena fama de los pasados”).
Melibea, pijita rotunda (de ensalzados globos), orgullo y futuro sostén de sus padres, acaba permitiendole entrada (y permitiéndole entrada) a su pretendiente.
Pármeno, hideputa siervo con sólidos planteamientos morales al inicio, acaba conchabado con la vieja puta y el criado resiabado en esa conspiración para sacarle los cuartos al jefe, con fulana en prácticas debajo del brazo
(la citada Areúsa, haciendo sus pinitos en el puterío).
Y en el extremo de esa degradación galopante, como paradigma y epítome de ese paso al Lado Oscuro, Sempronio!
Sempronio, que a la primera pareciera hombre honesto tipo “buen criado si tuviera buen señor”, y progresivamente asistimos a lo que esconde el personaje como quien ve la evolución del cuadro de Dorian Gray, pincelada a pincelada, Sempronio tres veces M, cubriéndose de (o descubriéndose en) sucesivas capas de Malicia, Mezquindad y Miseria. Y primero nos enteramos que es mentiroso, luego que es cobarde y finalmente que es El Cobarde Definitivo, Asesino (y ya para colmo, de ancianas). Sempronio que es el modelo sobre el que se superpone el perfil del joven Pármeno en un morfing perverso (incluyendo final ignominioso). Todos esos pecados capitales de los que hablábamos los tiene el maduro criado:
- es lujurioso (y envidioso, a la vez) porque desea a Melibea pero se conforma con la puta Elicia (y es que quiere ser señor en lugar del señor, como aquel personaje de Goscinny que quería ser Califa en lugar del Califa). Hablando con Celestina, dice: “Pues dime lo qué passó con aquella gentil donzella; dime alguna palabra de su boca, que por Dios, assi peno por sabella como mi amo penaría” auto 5 pagina 179 y a Pármeno: “Dilo, dilo. ¿Es algo de Melibea? ¿Asla visto?” auto 8 p 217. Y a continuación muestra otra prueba de envidia al decirle a Pármeno: “No digo mal en esto, sino que se eche otra sardina para el moço de cavallos, pues tú tienes amiga”.pagina 218.
- es avaricioso y ruin: “Desseo provecho; querría que este negocio oviesse buen fin, no por que saliesse mi amor de pena, mas por salir yo de lazería (miseria)”. Tercer auto. Pagina 150. Y se vuelve a reflejar su codicia cuando interpela a Pármelo de la siguiente forma: “Ve tú donde quisieres, que antes que venga el día quiero yo yr a Celestina a cobrar mi parte de la cadena. Que es una puta vieja; no la quiero dar tiempo en que fabrique alguna ruyndad con que nos escluya”. Pag. 271
- es soberbio y falso en su soberbia, como cuando dice no sentir miedo el muy cobarde: “¿Temor, señor, o qué? Por cierto, todo el mundo no nos hiziera tener; ¡hallado avías los temerosos! Allí estovimos esperándote muy aparejados y nuestras armas muy a mano”. pag. 267
- de su gula, su pereza y su ira ya hemos hablado antes.... El resumen es un retrato del peor ser humano posible, cínico, pretendiente a arribista (esto es, que tiene la falta de escrúpulos pero no la eficacia de un auténtico arribista), merecedor de una parcelita propia en el infierno de Dante. Y arrastra consigo a Pármeno.

LA CELESTINA, BISAGRA DE TIEMPOS: o la crisis del estado medieval.

Si alguna vez fue cierto aquella frase comodín que utilizaban los malos estudiantes en los exámenes, a saber, “el autor está a caballo entre dos épocas” (gloriosa frase que no dice realmente nada porque todos estamos a caballo entre dos épocas y nuestra caída de la montura a medio camino marca la segunda). La Celestina es medieval y “probarroca” en su utilización de tópicos medievales como el de la rueda de la fortuna (acto 20, Melibea: “la fortuna mudable”; acto 21, Pleberio: “¡Oh fortuna variable, ministra y mayordoma de los temporales bienes!”; acto 9, Celestina: “La ley es de fortuna que ninguna cosa en un ser mucho tiempo permanece: su orden es mudanzas”; acto 15, Areúsa: “la fortuna su rueda”), así como otros tales como la prisión de amor, el vergel del amor, la fugacidad de la vida y el carpe diem. En el lenguaje, igualmente, se da esa profusión extremosa de refranes, sentencias, apotegmas, dichos y semejantes que podemos ver en dictos y leciones, en el erudito y sesudo exemplum medieval, y en los cuentos de Chaucer o Bocaccio (ellos mismos a un tris de ser renacentistas). Y la misma Celestina es heredera directa de Urraca, la Trotaconventos de Juan Ruiz.
Sin embargo, las apariencias engañan.
Hay un sabor a descomposición de los valores que no es propio de los honrados hijos de la Edad Media, deslealtad en los criados a la par que exacerbamiento del clasismo de los señores. El dinero, vil metal, y la ambición de tenerlo (sea como sea) cobra un protagonismo que es más propio de tiempos posteriores (y es más propio de individualismo que de ese tejido coherente de los años intermedios). “Todo lo puede el dinero”, dice Celestina en el acto tercero.
Se podría decir que hay amor cortés, como antes, pero es más una burla del personaje que más se cree esa pretensión antigua, el retórico Calisto (ejemplos en el acto 6 de esos apreciados términos militares para referirse a las lides del amor y a la prisión figurada del amante: “escalas en su muro”, “cadenas”, etc), una cínica revisión de esos tópicos de los que hablábamos antes. Porque, como nos contaba un compañero de fuera del grupo: ¿qué tipo de muerte es la de Calisto? ¿Puede haber algo más esencialmente ignominioso en el que escala muros que el caerse estúpidamente de ellos? Es descalabro, más que moral, ridículo.
La misma visión del carpe diem de la Celestina oscila entre su formulación positiva, renacentista, y la medieval-barroca, más oscura y manchada de vanitas,vanitatis... CELESTINA, acto 4: “la vejez no es sino [... ] aquel mudar de cabellos su primera y fresca color”; acto 7: “la mocedad en sólo lo presente se impide y ocupa a mirar [... ] nunca pensáis que os puede faltar esta florecilla de juventud” y más tarde “Goza tu mocedad, el buen día, la buena noche, el buen comer o beber. Cuando pudieres haberlo, no lo dejes. Piérdase lo que se perdiere. No llores tú la hacienda que tu amo heredó” y “Gocemos y holguemos, que la vejez pocos la ven.No quiero en este mundo, sino día y victo y parte en paraíso”.

... Y AQUÍ LO DEJO, :    )