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19 de octubre de 2015

ALGUNAS NOTAS DESPUÉS DE LA LECTURA DE EL MATADERO DE ESTEBAN ECHEVERRÍA (según rafarrojas)

Nota previa :
Me dicen que las primeras impresiones son engañosas y no bastan, que el amor a primera vista es cosa de fábula o de ingenuos engañados, que no se puede juzgar el libro por sus tapas y que la ciencia vale más que la intuición. Sin embargo, yo, en mis trece, ignorando la razón que ignora las del corazón que no entiende, sigo pensando que hacer crítica o reseña literaria es más cuestión de pálpito, de sensación automática e inmediata, de vísceras que reaccionan (con hambre o con ascos), que de sesudo protocolo que desmenuza, listados y clasificaciones.
Me equivocaré, sin duda, pero será con engaño sabroso, dulce, ácido o picante, más desde luego que el que proporciona la sosa poética, el aristotelismo burócrata, el ordenicismo académico. ... Philip K. Dick inventó el test de empatía de Voight-Kampff para comprobar la humanidad en el autómata, y me pregunto porqué nunca se lo pasaron a los críticos literarios, o viceversa y paradoja, si puede una máquina ser capaz de descubrir la humanidad en una persona.
La crítica, como el amor, se tiene que practicar sin reglas, a lo loco, a lo sucio, a lo básico, pasionalmente, dejándose llevar por las sensaciones por favor sin domesticar, primarias impresiones. Otra cosa sería como porno o gimnasia sueca, ejercicios teórico-prácticos sin alma. Cuando, y es mi absoluta convicción que no la cambia una carrera, la literatura, o es alma o no es literatura. Será, por eso, esto desordenada sucesión de flashes, como recuerdos repentinos.

ALGUNAS NOTAS DESPUÉS DE LA LECTURA DE EL MATADERO DE ESTEBAN ECHEVERRÍA
(según se le fueron ocurriendo a rafarrojas, a modo chapucero)

El matadero, una fábula inversa
si ha de juzgarse de la índole del animal por los signos exteriores, si de los resultados ha de deducirse alguna consecuencia, quisiera yo que Aristóteles y Plinio, Buffon y Valmont de Baumare, me dijesen qué animal, por animal que sea, habla y escucha.”
«Las palabras», Revista española nº 209, 8 de mayo de 1834.Fígaro

Animalitos....
La idea de relacionar animales con hombres no es nueva. Tal vez porque en el fondo siempre nos hemos visto un poco reflejados en ellos o, dicho de otra forma, porque nunca hemos dejado de ser un poco ellos y lo sabemos. La línea que nos separa es asombrosamente fina y a ojos de los imaginativos prácticamente inexistente. Así que ya desde muy antiguo se traspasa con frecuencia: desde los mitos griegos, la Circe de Homero (ca. s VIII a.C.) y su piara de macizos engorrinados, las fábulas de Esopo (s VI a. C.), las metamórficas Aracne o Medusa de Ovidio (año 8), etc, etc...

Básicamente y en resumen creo que las he visto de tres tipos:
1) las fábulas tipo Esopo, historietas protagonizadas por animales humanizados como metáforas de vicios y virtudes, como aquellas que popularizaran luego a finales del XVIII, Samaniego, Iriarte o La Fontaine (y antes, algunas sueltas, exemplos de don Juan Manuel o el archipreste, como aquel mur de campo y mur de ciudad)...
2) las tipo Circe, mito griego, de hombres que sufren transformaciones en bestias (más o menos amables) ... “algo habrán hecho”, diría mi madre.... y que a su vez se pueden subdividir en
- de miedo, como aquellas de los hombres lobo (que Gervasio de Tilbury hacía aullar a la luna en el s. XIII o al que Torquemada convertía en antropófago gallego en su Jardín del s. XVI) o los vampiros, o las semibestias diversas de los bestiarios medievales, las creaciones del doctor Moreau de Wells o más tarde incluso ese científico Mosca, o la cucaracha apellidada Samsa), por citar ejemplos al azar.
- de amor, donde están los que retornan a la humanidad si una hermosa les besa o les quiere lo suficiente, como la Bestia de Bella o el príncipe Sapo (útil engaño para dar alguna oportunidad a los feos) o el pájaro verde de Juan Valera, que resultó ser pijo chino con posibles....
3) y finalmente aquellas cuya categoría ahora mismo me invento yo: la fábula inversa.
Esa la veremos en aquel “adios, Cordera” de Clarín y ahora en este mismo Matadero, ambos cuentos con, a mi parecer, grandes parecidos estructurales.
En la fábula inversa, se establece un paralelismo entre la suerte que corren bestia (un toro que se cuela entre terneros, una vaca de nombre cordera que no despista a nadie) y hombre (un unitario cualquiera, que según Echeverría es un tío con clase y valor o aquel Pinín, pobriño, carne de cañon). Muerto, muerta, muerto y camino de serlo. Lo curioso es que ellos son las víctimas, los mansos de corazón que tal vez en otra vida se merezcan de todo, pero aquí en la vida real sólo desgracias.
Los verdaderos animales, los verdaderos brutos sin alma son los políticos de signo contrario o la masa miserable, encumbrados o de la plebe más vil. Hombres lobo para el hombre sin necesidad de convertirse en nada, siendo simplemente ellos mismos, depredadores, malas bestias.

La fama de Echeverría y su romanticismo
La siguiente cuestión discutible es si se merecía Echeverría tanta fama como tiene (según José Miguel Oviedo no: “sin desconocer su contribución histórica, hay que admitir que, literariamente, esa posición parece hoy menos distinguida”, pág 25, tomo 2, Historia de la Literatura Hispanoamericana).
Por ejemplo, no queda claro como de rompedor era lo que había escrito.

El Matadero encierra dos críticas muy duras (y una tercera que separo por su peculiaridad).
1-Contra la Iglesia, que pretende no sólo tener la llave de las almas sino también de los estómagos.
2-Contra el tirano Rosas, un Franco antes de Franco con todas las de la Ley con los que los cuatro ricos se hicieron más ricos, la Iglesia más casposa prosperó, se impuso un régimen policial y se institucionalizó durante 17 años un federalismo que escondía un centralismo bonaerense.
(La tercera crítica es a esos que señala como hez de la sociedad, a los que pinta sin sensibilidad, cobardes y mezquinos, violentos y depredadores “degollador, carnicero, salvaje, ladrón”, y que suena al clasismo de un progre criollo, niño bien, el liberal culto que desconfía de los ignorantes y los zafios...).

Ahora bien, si esas críticas se hicieron en el momento de triunfo de los rosistas tenían valor... Más, eran de una audacia indudable, y merecen el respeto que merece un verdadero rebelde, defensor de la libertad, del estilo de ese Byron que tanto admiraba Echeverría (sólo que Byron luchó y Echeverría huyó a Colonia y luego a Montevideo).
Pero no está claro.
La acción transcurre en el 183... Pero como digo no todo el mundo está de acuerdo en que se escribiera entonces.
Emilio Carilla, por ejemplo, en su trabajo “Juan María Gutiérrez y «El Matadero»”, lo pone en duda. Se supone que estaba entre los papeles de Ech. que murió un año antes de que los argentinos se libraran de Rosas (52) y no se publicó hasta 20 años más tarde, en 1871, en las páginas de la Revista del Río de La Plata (I, págs.563-585)... Es más, que según este mismo autor “la base esencial de El Matadero está constituida por algunos fragmentos de Echeverría, ligados y completados por Juan María Gutiérrez”, el amigo fiel que descubre esos papeles (un amigo que por cierto era tan liberal como antiespañol, como atestigua el hecho de que se negara a aceptar la invitación para formar parte de la Real Academia de S Fernando). Así que el valor, la adscripción romántica (si es trasnochada o innovadora... o incluso real), queda en duda.

Y lo que más me gustó, esa especie de sketches sucesivos, escenas sueltas, vivas, que a ratos recuerdan a Larra, hijo romántico de la Ilustración como el elegante unitario, a ratos tienen tonos costumbristas o incluso como de autor de picaresca, o incluso anticipo de realismo porque retrata lo peor de la sociedad, a lo mejor ni siquiera son hallazgos estructurales o de forma sino fruto de un parcheado más preocupado por meterlo todo que por hilvanarlo bien.

Pero, ¡oye!, se le convirtió en gran figura, como ejemplo de lucha contra el tirano, por ser argentino y de los primeros que hizo rimas y poemas, por hablar de Argentina y de los argentinos y destilar amor patrio. ¿Qué hay más romántico que el nacionalismo? (aunque la línea entre románticos y rolleras es más fina si cabe que entre hombres y animalitos, me parece a veces).

Y hay que reconocer que es de allí y no de aquí, en el lenguaje que usa, cuando imita el habla de las negras, los pilluelos, la turba de impresentables que como moscas rodean los cadáveres que fabrica el matadero. (tendré que mirar que es "alzapón","tongorí" y "chiripá", aunque supongo que uno es prenda, otro trozo de víscerá y el otro tocado, pero vaya usted a saber, :  ))

A pesar de todo, me ha gustado el cuento y hasta me ha impresionado, aunque no sepa a ciencia cierta si era todo aquello que algunos le achacan.

26 de junio de 2015

IRONÍA ROMÁNTICA - un comentario sobre un artículo de Ricardo Navas Ruiz, por rafarrojas

El colmo: mirar al que mira, comentar al que comenta....
Pero, ¡qué se le va a hacer!, es trabajito de la carrera y había que hacerlo. Pero sigo pensando como Tolkien, que en Filología deberían leerse a los escritores sobre todo, antes que nada. Que está bien cotillear lo que han dicho otros sobre el mismo tema (por ahora, así de pronto, los que me han gustado se cuentan con los dedos: Eco y Eagleton, por poner dos casos... y por supuesto, Salinas, que suena al doblaje español antiguo de los 50, remilgado pero bonachón, lírico... mi poeta favorito).
Y que hay mucho crítico de mierda, rolleras infumable, que hacen eso de lo que acusaban a Clarín en su faceta de crítico literario: poner bien a los consagrados, criticar a los noveles (de fama débil que se puede maltratar).
Y esos otros, los académicos academicistas que no saben escribir como dios manda (como aquel A.Mendoza, reputado catedrático, prócer preclaro, de Didáctica de la Lengua, que escribía El espacio de la didáctica de la Lengua y la Literatura se configura como un espacio de intervención en los procedimientos de enseñanza y de formación, a partir de la consideración de los condicionantes que regulan los procesos de adquisición y aprendizaje de los dominios expresivos y comunicativos"... joío poeta, amo del lenguaje!) y sin embargo ahí están, dando por retambufen a los pobres estudiantes, que ningún libro se lee con tanta atención como los artículos-bazofia del Sr Tal y Cual, Catedrático, que caen en el examen. Y se creen algo porque inventan nombres para el glosario de los arcanos, como el imbécil de Jauss (se escribía así?), tan admirado. Y mejor si el tiempo los pasa y cubre, que solo faltaba que sobrevivan.

Jajajajaja, paja en el ojo ajeno....

  
1. El modo irónico y la literatura romántica española, un comentario sobre un artículo de Ricardo Navas Ruiz (con una reflexión propia sobre El Estudiante de Salamanca)
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor-din/el-modo-irnico-y-la-literatura-romntica-espaola-0/html/ffa8b852-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html#I_1_

Para ironías, las del romántico!
 rafarrojas

Navas extrae los rasgos coincidentes de la definición de ironía (que existe desde que el mundo es mundo, y literariamente como figura retórica desde los griegos clásicos) con la visión que el ideólogo del Romanticismo, Schlegel  (que se suma a Hamann y Herder... ¿Alemanes con sentido del humor? ¡qué ironía!), hizo sobre el carácter, credo y esencia del escritor romántico, para concluir que donde se convierte la ironía en una forma de vivir (es decir, de escribir) es en el Romanticismo. Ironía como irrealidad, confusión y juego de espejos.

En segundo lugar, el profesor de Massachusetts reivindica la existencia de esa faceta de arma arrojadiza y sutil de decir sin decir diciendo otra cosa, ese ejercicio de inteligencia con puntito de humor que es la ironía, en nuestros autores patrios: Espronceda, Zorrilla, Larra, Campomanes... (y para Carnaval, el de Cádiz). 

Respecto al primer presupuesto de ese discurso, suscribo: tiene su lógica.
El romántico, que no es más que un ilustrado desengañado en mayor o menor medida, tiene de sus antecesores del siglo XVIII esa aspiración a la crítica. Para criticar hay que contar con libertad mental.
La otra, la libertad material (ausencia de censura), va a experimentar avances y retrocesos (aún estamos en ese baile), según los que mandan sean más conscientes del riesgo que corren de no seguir mandando con ello. De hecho, la ocasional falta de libertad real también coadyuva a que se oculte la verdad en las palabras, a la escritura entre líneas... a la ironía.

Igualmente las Luces, al dar ese valor supremo a la capacidad de razonar, a la inteligencia, también siembran ese espíritu que les sigue de ingenio, de abstracción conceptista.


La idea es peregrina por definición y aunque siempre vuela de vuelta como las golondrinas de Becquer a la realidad, sólo alguien que esté dispuesto a habitar en lo aéreo y libre, en ir a donde le lleve el viento, puede realmente ser irónico.
El romántico se pierde en las nubes, en los sueños, en la etérea irrealidad de lo que no es.

A la segunda cláusula de Navas tal vez le añadiría un matiz, en la línea de lo que afirma Octavio Paz y que recoge Navas.
En nuestro carácter nacional, más pasional y extremoso que los de nuestros vecinos, la crítica es más feroz y la ironía se torna sarcasmo o directamente mofa y befa sangrante con facilidad.
Paradoja. Se puede decir que nos limita aquello que irónicamente retrataba Larra: Nuestra alma de “castellanos viejos” que gustan de llamar “al pan, pan y al vino, vino”.
La diferencia entre ironía y sarcasmo es el control. Los ingleses, por ejemplo, son buenos en la ironía porque están acostumbrados a callarse lo que sienten y no lo que piensan. Una ironía es una sátira secreta.
Y en los españoles se tiende a no parar mientes a la hora de atacar. No nos va tanto el disimulo.

Pero igualmente es cierto que no es cosa fácil afirmar “aquí el autor quería decir lo contrario”, si asumimos que ironía es verdad escondida en la apariencia contraria (y como decía Berkeley, sólo es real aquello que se percibe). ¿Quería decir lo contrario?

Tomaré como ejemplo el texto de Espronceda, “El Estudiante de Salamanca”.
 ¿Es un manifiesto contra la razón o por el contrario la última forma de admiración de ella?
Hay más cosas en el Cielo y en la Tierra de las que pueda soñar tu filosofía, Horacio”. Hamlet. Escena V. Acto Primero.

Noli Me Tangere (1769)
Anton Raphael Mengs

Muestras de razón o falta de ella en El Estudiante:
... El uso repertido del “quizá” y del “acaso”, el empleo habitual del condicional, que representa duda y razón incierta.
... El recuerdo de aquello que se escapa a la “adusta razón”-el sentimiento, la esperanza- “sin que lo comprenda jamás la razón”.
... La negación empecinada del protagonista hacia los prodigios (“sermón” y “farsa”), la fe y la religión, territorio ajeno a la razón: “la mente del hombre no alcanza / en su rápido curso a seguir
....Cómo el misterio, lo inexplicable, son al final los que de hecho deciden el destino del personaje, y no lo cierto, lo incontestable.
... El pasado y el futuro (territorio de lo que no es tan real, porque queda fuera del conocimiento y de lo experiencial) enfrentados al presente, a lo inmediato.

Todo habla en El Estudiante de Salamanca de una contienda, lucha, entre lo razonable-mundano y lo espiritual- inaprensible. Una contienda donde el perdedor está claro, don Félix. Y don Félix, encarna a la razón: el Villano.

Dicho de otra forma, el villano, el malo, el mañara de turno, es el que no se llama a engaños, vive el presente, el hombre del panpan y vinovino, el del muerto al hoyo, vivo al bollo... El que usa la razón.
Y los buenos, la justicia, la hermosura, el poder superior lo ostentan los espíritus, la sombra, el milagro, el sentimiento.
Estos últimos acaban por imponerse.
El triunfo final (ironía) es para la (otra) gran desconocida (incognoscible), la Muerte.

Vale, que el villano es también héroe, porque es valiente hasta lo indecible... pero para lo que le sirve todo su valor, fuerza, decisión...!
Y si me apuras, tal vez sea héroe precisamente porque puesto a rebelarse se rebela incluso contra sí mismo, contra su sino, contra la tontería del sentimiento y la fantasmagoría... manque pierda.

Ricardo Navas concluye con el ejemplo de Campomanes y deduzco de sus palabras (no he leído todavía nada de este autor) que es el paradigma español de la ironía: distante pero de sonrisa leve (aleve) que niega las jerarquías y las valoraciones consagradas (...habrá que leerlo).