En ocasiones pasa con las conversaciones lo mismo que con las borracheras. Te pasas la mitad del tiempo intentando conseguir una, meterte en ella... y la otra mitad, intentando salir. Y es entonces, al final, cuando te preguntas mirando a tu interlocutor con mirada turbia o apoyando la cabeza en la baldosa blanca del asqueroso urinario "¿cómo coño me he metido en esto?"
(como siempre, saludos del autor de esta reflexión q no va a ninguna parte, rafarrojas)
Inocente, inocente
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En ese séptimo círculo del infierno que son las app de ligoteo se cumple
más que en ningún otro sitio eso de la que realidad supera a la ficción.
Leo cos...
Hace 2 días








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